¿Por qué no soy, ni seré político?


Aristóteles en su célebre libro La política afirmaba que todo hombre tenía una naturaleza política, y que si no lo era se debía a que se trataba de un imbécil o de un ermitaño. Sin embargo, es justo tener en cuenta que el filósofo griego se refería a la vocación pública del hombre y no a la profesión de político.

Hoy en día la política se ha convertido en una transacción de lo público con fines particulares; ya no es el arte de gobernar en interés general. La política se ha corrompido, se ha degradado, y solo ha quedado como una ocupación de comerciantes electoreros.

Hay buenos políticos, también es justo decirlo, pero la mayoría de quienes ingresan en ese mundo actualmente lo hacen para saciar su sed megalómana, y para enriquecer sus bolsillos. El arte de gobernar en interés general solo ha quedado en el papel, en el mundo de las ideas, del deber ser.

La democracia necesita de los políticos, pero se ha vuelto al revés, los políticos se benefician de la democracia. Todo se ha vuelto un negocio de transacciones, de electorerismo en grado sumo. No me atrae ese mundo, para nada.

¿Tiene la culpa el sistema político imperante? ¿La democracia? No lo creo, aunque sí es verdad que los gobernantes son un reflejo de quienes votan por ellos. La democracia permite el autogobierno, y que las personas decidan por su futuro ellas mismas. La democracia es un sistema con defectos obviamente, pero es el mejor sistema para garantizar la libertad de manera institucionalizada.

Para garantizar un mejor funcionamiento de este sistema es necesario asegurar que los gobernados cuenten con una mejor cultura política, con una mejor cultura de lo público, y con una mejor cultura democrática basada en valores positivos. Si no se trabaja en ello la política seguirá corrompiéndose cada día más hasta volverse un simple ejercicio de mercaderes del voto.

En estas condiciones no me atrae la política, no me interesa ser político, creo que soy más útil desde estas esferas, y desde estas trincheras. Accionando sobre el pensamiento, sobre la opinión. Algún día volveremos a ver ese ejercicio noble de lo público, cuando haya una mejor conciencia política. Dar ese salto a la dictadura porque la democracia no sirve, es peor; es un suicidio que toca evitar.

La plutocracia


Definido como el gobierno de los ricos. “Ploutos” significa riqueza, y “kratos” es gobierno, en griego. La plutocracia es un sistema político que nunca ha estado institucionalizado en el papel, pero sí en la práctica. Me explico; ningún gobierno es capaz de decir: “Aquí mandan los que tienen plata”; no, la plutocracia nunca ha estado formalizada, salvo en los regímenes donde los monarcas también eran los más adinerados.

La plutocracia en la antigüedad era lo normal; las familias nobles, las que tenían más poder, eran los amos y señores de su reino o de su imperio. Sin embargo, hay que aceptar que el concepto de riqueza ha cambiado desde hace varios siglos. En las primeras sociedades humanas la riqueza estaba ligada al poder físico, a quien tenía la destreza de cazar, a quien podía mandar sobre los demás debido a su fortaleza fisiológica. Esa era la riqueza. Esos eran los plutócratas de los primeros grupos humanos: los musculosos.

Posteriormente, las familias nobles que habían conseguido el poder debido a sus cualidades físicas, se aliaron con los chamanes y sacerdotes de su tribu o de su clan, y con ellos forjaron una nueva riqueza: la del engaño, la de la superstición. Los brujos y sabios –que determinaron que cierta familia era la elegida de los dioses para gobernar- entraron a formar parte de lo que se llamaría como: la clase dirigente. Los grupos religiosos también entraron a ser parte de la clase poderosa, de la plutocracia.

Con el paso del tiempo, los poderosos empezaron a acumular bienes; como tierras, metales preciosos, animales, cultivos, casas, castillos, palacios, etc. Las familias monárquicas contaban con el apoyo de los religiosos para justificar su poder; pero, también empezaron a tener otros elementos para sustentar su posición: se adueñaron de los medios de producción económica, en especial, de la tierra.

Al finalizar la Edad Media, y al inicio de la Era Moderna, la riqueza estaba basada en la cantidad de tierra que tuviera una persona. Obviamente, las familias nobles habían logrado hacerse con muchos terrenos, y eran los grandes latifundistas de sus países. Sin embargo, una nueva clase social comenzó a surgir: la burguesía.

La burguesía –asentada en centros urbanos llamados burgos- iniciaron una nueva era para la plutocracia: la del comercio y del mercantilismo. La tierra era importante, era signo de poder, pero, con los nuevos inventos y el desarrollo de la ciencia, el intercambio comercial entre ciudades, entre países, y entre imperios adquirió gran preponderancia. Los burgueses empezaron a acumular riqueza.

Con la Era Moderna, también llegó un nuevo invento: el dinero. Hasta ese momento, el intercambio de mercancías se hacía a través de metales preciosos como el oro, la plata, o de especias como la sal. Sin embargo, a los burgueses se les ocurrió imprimir papel que podría ser cambiado por metales preciosos para agilizar el comercio. Los títulos valores ya habían sido utilizados en la Edad Media por la Orden de los Templarios. Quien viajaba a Tierra Santa (Jerusalén y Palestina) podía confiar sus bienes en los castillos que tenía la Orden durante todo el trayecto desde Europa. En los castillos se expedían unos documentos que el viajero podía cambiar en cualquier otro punto del viaje, y obtener oro y plata. Fue el inicio del sistema financiero.

Era obvio, dos clases sociales comenzaron una pugna por el poder. Los burgueses y la monarquía. Los burgueses tenían riqueza: dinero, metales preciosos, bienes muebles, artesanías, etc. Los monarcas también tenían riqueza: bienes inmuebles, fincas, palacios, castillos, y el apoyo del clero. ¿Qué ocurrió? Una guerra entre plutócratas; la Revolución francesa fue el primer resquebrajamiento del antiguo sistema. El resultado de este enfrentamiento es conocido: los burgueses se hicieron con el poder, e implantaron un sistema de gobierno basado en elecciones democráticas.

Las monarquías no fueron suspendidas del todo; las familias aristocráticas también se aliaron con los burgueses y llegaron a un acuerdo amistoso, ¿el resultado? Las monarquías constitucionales. ¿Quiénes empezaron a mandar en el mundo? Los banqueros.
La plutocracia moderna ha basado su poder en el dinero. En el papel el sistema político preponderante es la democracia, sin embargo, no nos digamos mentiras, la financiación de las campañas, los lobbies políticos, los think thanks (grupos de pensamiento), y en general, los partidos son financiados por quienes detentan el dinero, por los plutócratas; ellos son los que determinan quién gana o quién pierde una elección a través del apoyo económico que le brindan a tal o cual candidato.

Otro tipo de plutocracia surgió a principios del siglo XX: la plutocracia partidista. Los señores Marx y Lenin pensaron que todo el problema de la historia era la lucha de clases. Por lo tanto, decidieron poner a la clase trabajadora en el poder. ¿Lo consiguieron? Pues no, lo que lograron fue colocar a los dirigentes de un partido político en el poder, que se amarraran a ese poder, y que se atornillaran en la silla. Ese sistema colapsó antes de finalizar el siglo XX. Todavía quedan resquicios de eso en algunos países (Cuba, Corea del Norte, y otros).

Al comenzar el siglo XXI la plutocracia está vigente. Los que tienen el dinero tienen el poder. Sin embargo, hay un hecho que ha provocado que el sistema se desequilibre: la artificialidad del medio de intercambio. El dinero no es más que papel con un valor subjetivo, incluso, ya ni siquiera es papel, es un número en un computador. Los plutócratas han tenido varios sustos, uno de ellos ocurrió en 1929 cuando se cayó la bolsa de valores de Nueva York; la otra ocurrió en 2008, cuando la bolsa de esta ciudad volvió a desbarajustarse.

Los plutócratas saben que el sistema puede caerse nuevamente, que es frágil. ¿Cuál es la solución? Ya la diagnosticaron: el poder tecnológico. El mundo ha llegado a unos niveles de sofisticación informática increíbles, por lo tanto, los plutócratas saben que es imprescindible el uso de la tecnología para mantener su poder. La plutocracia tecnológica es el nuevo camino que nos quieren imponer a través del denominado soft power o poder suave; que la gente dependa de la tecnología, que la utilice para todo; en el entretanto, los plutócratas se adueñan de las empresas de informática, y los gobiernos –al servicio de los plutócratas- imponen condiciones y se apoderan de esa tecnología.

¿La plutocracia es el camino para la humanidad? ¿Es el mejor gobierno? Creo que no, no lo ha sido. Hoy en día, la plutocracia solo ha dejado guerras, hambre, pobreza, pandemias, calentamiento global, terrorismo, delincuencia, inmoralidad, etc, etc. En el nuevo milenio debe darse el comienzo de una verdadera democracia.

La democracia, “el gobierno del pueblo, para el pueblo, y por el pueblo” como la definía Lincoln, es el único camino para imponer un sistema basado en la cooperación. Hasta ahora lo que ha predominado es la plutocracia; un sistema que le ha servido al sistema de dominación humano.

El reto para las nuevas generaciones es desarrollar e imponer la democracia en el mundo. Un gobierno para todos, no solo para los que detentan las riquezas. Hay que buscar un cambio de conciencia; espiritual, social, y política. ¿Cómo lo vamos a hacer? Pacíficamente, a través del arma más poderosa: la mente.


¿Vargas Lleras será presidente de Colombia en 2018?


Juan Manuel Santos anunció en el día de hoy que Germán Vargas Lleras será su fórmula vicepresidencial para el período 2014-2018. No fue sorpresa, todos los medios de comunicación aseguraban que esto sucedería. Era un secreto a voces.

El rumor había generado ciertas reticencias en determinados círculos de la denominada Unidad Nacional. Sin embargo, era obvio que el exministro y exsenador era el candidato natural para esta posición. Vargas Lleras, en su empeño por ocupar el solio de Bolívar, debía aceptar esta nominación; Juan Manuel Santos, para reelegirse, debía estar acompañado por Vargas Lleras. Es una relación de mutuo interés entre estos dos políticos.

No obstante, en las encuestas realizadas a finales del año pasado, el político bogotano y jefe de Cambio Radical mostraba índices de aprobación bastante altos, incluso mucho más protuberantes que los que tenía el propio Santos. Se llegó a pensar que Vargas Lleras daría un salto al costado y que se enfrentaría con el Presidente. Pero esto no ocurrió, ¿por qué? El exministro hubiera podido iniciar una campaña a la Presidencia amparado en estos márgenes de favorabilidad, pero, eso significaría romper los acuerdos de hace cuatro años que se fraguaron entre él y el Presidente, y por otro lado, era probable que los partidos de la Unidad Nacional en su gran mayoría apoyarían al Presidente en su reelección y no a Vargas Lleras. Lanzarse a la Presidencia era una aventura.

Para el nieto de Carlos Lleras Restrepo es más conveniente seguir la fila india, esto es, hacer de segundo de Santos y lanzarse en 2018. La reelección de Juan Manuel Santos está casi que cocinada, a él lo apoyan el partido Liberal, Cambio Radical, el partido de la U, y un sector importante del partido Conservador. Esto le alcanza al Presidente para ser reelegido, aunque no se sabe si aquello ocurrirá en primera o en segunda vuelta.

Con el apoyo de Vargas Lleras, Santos gana puntos dentro de los sectores que ven con desconfianza el proceso de paz que se está llevando a cabo, y obtiene el apoyo de un político que empezó como concejal de Bogotá, que ha presidido el Congreso de la República y que fue ministro del Interior y de Vivienda. Vargas Lleras es un político profesional, su nombre tiene mucho prestigio en varios círculos de poder, y sin lugar a dudas será fundamental para que Santos gane la reelección con mayor comodidad.

¿Podrá ocupar la Presidencia en 2018? Eso depende de varios factores. El primero de ellos depende del éxito que tenga en su labor como Vicepresidente. Santos acaba de asegurar que quiere una Vicepresidencia más activa y más dinámica (¿fue una indirecta para Angelino?), por lo tanto, es obvio que Vargas Lleras no será solo un Vicepresidente de declaraciones mediáticas y de reportajes en los medios. No, él será un Vicepresidente que podríamos llamar como ejecutivo. El segundo factor dependerá de mantener cohesionada la denominada Unidad Nacional. El partido político que apoya incondicionalmente a Vargas Lleras es Cambio Radical, eso se detiene por descontado, ¿pero será que el partido Liberal lo apoyará también en cuatro años en sus aspiraciones presidenciales? Al parecer no, porque Simón Gaviria también quiere despegar en esa pista, y obviamente César Gaviria –su padre- lo estaría apoyando. Los Gaviria mandan en ese Partido desde hace varios años. ¿Qué pasaría con la U? Un misterio mayor, ya que este Partido empezó apoyando al presidente Uribe, después a Santos, pero no sabemos si en cuatro años le jale a una candidatura presidencial de Vargas Lleras. Tal vez, el presidente Santos, uno de los fundadores de esta colectividad, le dé la manito a su Vicepresidente por este lado.

El tercer factor, y no menos importante, es el resultado del proceso de paz que se está llevando a cabo, los diálogos de La Habana posiblemente terminen con la firma de un acuerdo en el Gobierno y la guerrilla de las FARC. En una Colombia sin conflicto armado interno, el papel y el rol de hombres como Vargas Lleras es indefinido. Él tiene fama o imagen de hombre duro, ha sufrido varios atentados contra su vida, y la gente lo asocia con sectores que históricamente han sido inflexibles con la guerrilla. En un postconflicto, no sabemos qué papel juegue Vargas Lleras, ¿será que se decantará por una imagen más social? ¿Será que asumirá el rol de hombre de la seguridad contra lo que quede de factor de perturbación del orden público en Colombia? No lo sabemos, sin embargo, su última actuación en el Gobierno como ministro de Vivienda nos permite asegurar que Vargas Lleras en estos cuatro años tratará de que lo asocien más con temas sociales, pero sin descuidar su faceta anticorrupción y promilitarista.

El cuarto factor, determinante para Vargas Lleras ocupe el solio de Bolívar en 2018, es su competencia por este cargo. Simón Gaviria quiere un puesto en el Gobierno de Santos para impulsar su carrera por la Presidencia. El hijo del expresidente ya fue representante a la Cámara y actualmente es el director del partido Liberal. Gaviria Junior quiere repetir la hazaña de su padre. Un fuerte competidor para Vargas Lleras. Por otro lado, el sector uribista no se puede desdeñar. Si el proceso de paz con las FARC termina siendo un fracaso, es indudable que los opositores de Santos ganarán réditos con este asunto, y en 2018 tal vez lleguen más fortalecidos después de haber disfrutado de las mieles del poder en la Rama Legislativa. No creo que Óscar Iván Zuluaga derrote a Santos en 2014, pero tal vez un Francisco Santos u otro uribista sí pongan a temblar a Vargas Lleras en 2018. El general en retiro de la Policía Óscar Naranjo sería también otro competidor a derrotar. No sabemos al sol de hoy dónde lo pondrá Santos, el exgeneral quería ser Vicepresidente, pero eso ya no se pudo. ¿En qué cargo cuadra mejor Naranjo? ¿De ministro de Defensa? Creo que allí tendría muchas dificultades porque el exdirector de la Policía es general de una fuerza distinta al Ejército, y en las Fuerzas Armadas colombianas quien tiene la primacía es esta Fuerza. Poner a un exgeneral de la Policía como ministro de Defensa generaría reticencias por aquello de las susceptibilidades del honor militar. Lo más probable es que Naranjo termine de embajador, o en una Alta Consejería. Creo que esto le da más combustible a la candidatura presidencial de Vargas Lleras. Otros candidatos como Peñalosa, Martha Lucía Ramírez, Clara López, etc, etc, no creo que le hagan cosquillas al nieto de Carlos Lleras en 2018, pero la política es tan cambiante que cualquier cosa podría pasar.

Ya veremos qué sucede en cuatro años, por ahora es incuestionable el papel favorable de Vargas Lleras en la campaña de reelección de Santos, y su extraordinario acomodamiento en el partidor presidencial del siguiente cuatrienio.

El asesinato de JFK: 50 años después



Mi mamá me contó que cuando mataron al presidente Kennedy, ella lloró. La noticia fue rápidamente transmitida a nivel mundial; el jefe de Estado norteamericano se encontraba de gira por el estado de Texas cuando fue víctima de un atentado en Dallas. Las autoridades de policía y los servicios de inteligencia -a las pocas horas de haberse cometido el crimen- acusaron a Lee Harvey Oswald de haber llevado a cabo el magnicidio.

El 22 de noviembre de este año se conmemoran los 50 años de este suceso. Sin embargo, con el paso del tiempo las dudas y las conjeturas sobre los verdaderos responsables del asesinato de Kennedy han crecido. Lyndon B. Johnson –presidente de Estados Unidos por aquel entonces- ordenó que una comisión investigara el caso; la comisión (denominada como Warren) llegó a una conclusión: Oswald obró solo.

La teoría del asesino único fue la versión oficial que dio el gobierno de Estados Unidos sobre este caso; sin embargo, pocos años después del magnicidio, una película de corta duración filmada por un señor de apellido Zapruder mostró un hecho que le dio un giro de 180 grados a la investigación: uno de los disparos que acabó con la vida de Kennedy vino de frente y no de detrás, donde supuestamente se encontraba Oswald. Por lo tanto, si esto era así, era inevitable que se pensara en una conspiración. Si ese día en la plaza Dealy (lugar donde sucedieron los hechos) había más de un tirador, era porque había un complot.

En 1979, el Congreso de Estados Unidos reabrió el caso, y sentenció que era probable la teoría del complot, pero que ninguna agencia federal o gubernamental había participado en él. Años antes, el fiscal Jim Garrison del distrito de Nueva Orleans había tratado de seguir un juicio contra uno de los presuntos autores del crimen, empero, sus tesis fueron desechadas y el asunto quedó así.

A pesar de todo esto, las hipótesis de lo que realmente ocurrió y la incertidumbre han creado un efecto de bola de nieve: la opinión pública hoy en día no cree en la teoría del asesino único, y está convencida que hubo una conspiración para asesinar al Presidente.

El director de cine Oliver Stone en 1991 rodó la película JFK, en ella se exponen de manera cruda y contundente todas las dudas sobre la verdadera participación de Oswald en el crimen, y las posibles causas que dieron lugar a que Kennedy fuera eliminado por otros grupos de poder. Mientras tanto, el gobierno de Estados Unidos ha respondido que la desclasificación de todos los documentos relacionados con el magnicidio solo ocurrirá en varias décadas.

Hoy en día, cincuenta años después, en el asunto parece estar claro lo siguiente: 1. Hubo más de un tirador ese día, 2. No se sabe a ciencia cierta si Oswald participó o no, 3. Hay varias teorías conspirativas sobre el crimen; no se sabe cuál es el verdadera.

El presidente Kennedy asumió el cargo en 1961, después de unas reñidas elecciones, teniendo como contrincante a Richard Nixon. Kennedy rápidamente asumió una serie de posturas sobre las coyunturas que se desarrollaban en ese momento; estas eran: 1. La guerra fría con la Unión Soviética, 2. El problema cubano, 3. Los derechos civiles de los afroamericanos, 4. La militarización de Vietnam, 5. La lucha contra el marxismo-leninismo en América Latina.

Con respecto a la guerra fría con la URSS, Kennedy afrontó uno de los hechos más espeluznantes en la historia de la humanidad: la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial. Después de conocerse el emplazamiento de misiles rusos en Cuba, el presidente de Estados Unidos ordenó un embargo marítimo contra la isla, lo que conllevó el crecimiento de la tensión con la potencia europea. El asunto se resolvió mediante un acuerdo secreto entre la Casa Blanca y el Kremlin, pero realmente el mundo estuvo a punto de ser testigo y víctima de una guerra que hubiera sido desastrosa. Kennedy mantuvo una postura firme con los rusos, pero abrió la puerta de una negociación para la limitación de la producción de armas nucleares. La guerra fría no dio tregua durante el mandato de este presidente.

Con Cuba las cosas salieron bastante mal; al principio de su gobierno, Kennedy ordenó una invasión a la isla por parte de un grupo paramilitar integrado por exiliados cubanos y agentes de la CIA, el resultado: un fiasco. Bahía de Cochinos –el lugar donde desembarcaron los invasores- se convirtió en el nombre del fracaso más grande de la administración Kennedy; los paramilitares fueron derrotados, y el gobierno estadounidense hizo el ridículo. Sin embargo, el Presidente mantuvo una postura firme contra Cuba, en especial contra el gobierno de Fidel Castro.

Uno de los éxitos más importantes de Kennedy fue el avance en el tema de los derechos civiles de los afroamericanos; después de siglos de discriminación contra esta minoría, el Presidente logró que el Congreso aprobara una serie de leyes de lucha contra la segregación, y la integración de esta comunidad a la vida civil de la Nación de manera plena. La obra no fue toda de él –valga decirlo- ya que durante el mandato de Eisenhower la Corte Suprema ya había dado pasos importantes sobre esto, y finalmente fue Lyndon B. Johnson –quien sucedió a Kennedy- el que acabó complemente con los vestigios de discriminación contra los afroamericanos en ese país.

La ocupación militar de Vietnam era una prioridad para los Estados Unidos, ya que no estaban dispuestos a permitir el avance del marxismo-leninismo en el mundo. El caso cubano disparó las alarmas del aparato militar y del establishment estadounidense. El dilema era: invadir Vietnam del Norte, o ayudar a Vietnam del Sur. Kennedy pensaba que la ayuda era más eficaz y que se veía mejor; una intervención armada podría generar más tensiones con URSS y con la China. Al morir Kennedy, los que pensaban en una intervención militar abierta y masiva en Vietnam fueron complacidos.

La “Alianza para el progreso” fue el programa que empujó el 35° presidente de Estados Unidos. Este programa estaba diseñado para reducir la pobreza en América Latina, cooperando en programas sociales. La verdad era que el país del Norte estaba asustado con la Revolución cubana y necesitaban impedir el avance del socialismo-marxista en su “patio de atrás”, esto es América Latina. Aquel programa le dio bastante popularidad a Kennedy en la región, incluso, todavía podemos ver las filmaciones de la época cuando el Presidente viajó a Colombia - por ejemplo- en el marco de esta política de ayuda.

¿Por cuál de estos temas murió Kennedy? ¿Por su aparente apertura a los rusos? ¿Por su negativa a invadir Vietnam? ¿Por su dureza con Cuba? ¿Por el fracaso de Bahía de Cochinos? ¿Por su postura antidiscriminación? ¿Por sus programas sociales en América Latina? ¿Por haber emitido dinero sin pagar interés a la Reserva Federal? ¿Por perseguir a la mafia? No lo sé, y creo que muy pocos realmente lo saben.

El presidente Kennedy fue el primer jefe de Estado católico de ese país, su familia era de origen irlandés, y había sido educado en las mejores universidades del mundo. Estaba llamado a grandes cosas desde joven, debido a las ambiciones de su padre. Con prontitud llegó a las más altas instancias del poder, y se convirtió en una de las imágenes de cambio más genuinas que haya tenido la política estadounidense. Su presidencia dejó un legado para las siguientes generaciones, ya que tuvo la audacia de enfrentar problemas difíciles que parecían paradigmas insolubles.

“No preguntes qué puede hacer el país por ti, pregunta qué puedes hacer tú por el país” afirmó Kennedy en su discurso de posesión. Una frase célebre que todavía no es correctamente entendida, pero que da una visión de lo que podría ser la nueva humanidad: el reto de la cooperación. Los hombres solo podrán avanzar y progresar mientras haya solidaridad entre todos, y así lo entendía Kennedy. Yo creo que a él lo mataron por eso, porque se anticipó muchos años a lo que inevitablemente vendrá: la construcción de un nuevo mundo. Los retrógrados lo mataron, así de simple, los aguafiestas de siempre, los que quieren que las cosas sigan igual para seguir beneficiándose de su egoísmo.

Mi mamá me contó que cuando dieron la noticia del asesinato, ella lloró, y que muchos en Colombia también lo hicieron; el mundo entero lloró la muerte de Kennedy. Un hombre que se atrevió a cambiar paradigmas en las entrañas mismas del status quo mundial, y por eso lo eliminaron, porque algunos quieren seguir manteniendo a este mundo en la oscuridad del materialismo, del egoísmo, de la avaricia, de la violencia; Kennedy era uno de los que pensaban en una nueva sociedad humana más civilizada. Yo pienso que los que mataron a Kennedy fracasaron, y de manera rotunda, porque como siempre ocurre en estos casos, eliminaron al hombre, pero no pudieron acabar con sus ideas.      


Juan Manuel Santos y su reelección


Creo que el actual presidente de la República será reelegido en 2014, tal como están las cosas. Al momento de escribir estas líneas el doctor Santos no ha anunciado si se presenta para un nuevo periodo o no, sin embargo lo más probable es que sí, y lo más probable es que se reelija. Esto no quiere decir que apoye incondicionalmente sus ejecutorias en el cargo que ostenta desde 2010, porque en realidad -como mucha gente- siento algo de inconformismo por estas.

Yo pienso que la mayor debilidad de Juan Manuel Santos es su misma fortaleza, me explico; el señor Presidente es un hábil político, ha estado al frente de tres ministerios, en tres gobiernos diferentes, y logró llegar al solio de Bolívar gracias a un poco más de nueve millones de votos (algo sin antecedentes en Colombia). Los que lo conocen, dicen que Santos es un estratega, un jugador de póker, una especie de hombre astuto casi maquiavélico. Creo que esa ha sido su mayor debilidad, creo que Santos se ha ahogado en su propia astucia, en su propia habilidad camaleónica de hacer las cosas. Por un lado se hizo elegir con las banderas del uribismo, se autoproclamó –y lo proclamaron- como el heredero de Álvaro Uribe, pero pocos días después de su elección dejó ver que no, que no era el “ahijado político” de Uribe al hacer las paces con el exarchienemigo del status quo colombiano: Hugo Chávez. Las relaciones entre Uribe y Santos entraron en un congelador; después Santos anunció que entablaría unos diálogos con las FARC para iniciar un proceso de paz, lo que conllevó no solo el congelamiento de las relaciones con su predecesor sino su rompimiento definitivo. Uribe se ha convertido en el mayor y mejor opositor de Santos.

El presidente de la República quiere hacer la paz con las FARC, a pesar de que este grupo subversivo goza de una famélica popularidad, es por esto que los denominados diálogos de La Habana no han caído bien en la opinión pública, y mucho menos en los sectores ultraconservadores de las toldas uribistas. ¿Por qué Santos se la ha jugado de esta forma? ¿Por qué quiere hacer la paz con las FARC si sabe que esto no es popular? Por una razón muy sencilla y simple: por astucia. ¿Cuál astucia? Si bien es cierto en Colombia la mayoría de la gente detesta a las FARC y ve con malos ojos los diálogos de La Habana, a nivel internacional el asunto es a otro precio. A nivel internacional un proceso de paz que desactivaría el conflicto colombiano sería visto como una muestra de demostración de civilidad y de humanidad; mejor dicho provocaría sendos derramamientos de lágrimas en los ojos de la comunidad internacional, debido a la emoción que produciría que en un país se acabara la guerra por las buenas y no por las malas. Si el proceso de paz con las FARC es exitoso, es muy seguro que el señor Santos y el señor Timochenko (líder del grupo subversivo) vayan a Oslo a recibir el premio Nobel. Incluso, si no lo reciben, el señor Santos podría mostrarse como todo un estadista, como un Mandela, o como un Churchill, o alguien por el estilo –aunque Churchill se volvió famoso no por hacer la paz, sino por ganar una guerra-. En definitiva, creo que Santos hace la paz no solo por razones internas, sino para dar una imagen hacia el exterior, ¿por qué? Porque el Presidente no solo quiere ser Presidente, sino que quiere ser una figura política a nivel internacional. Ahora bien, si Santos logra hacer la paz con las FARC mataría dos pájaros de un tiro; por un lado pasaría a la historia de Colombia como el presidente que desmanteló a las FARC, y por el otro, se convertiría en una especie de Mandela sudamericano.

¿Soy un malpensado? No lo creo, si no, miren lo que ha pasado con el expresidente Uribe y su imagen internacional. Para la mayoría de personas que no son colombianas, Uribe es un personaje presuntamente cercano a los grupos paramilitares, un guerrerista, un ultraderechista, un fachista, etc, etc. En cambio, a nivel internacional, Santos es el moderado, el calmado, el que llegó a poner las cosas en orden en Colombia después de la desmesura de Uribe. Santos, en su modo de hacer las cosas, prefirió acercarse a las FARC para desactivar el conflicto a las buenas, que continuar con la política de puño de hierro de su predecesor. Él sabe que si gana, gana con honores, pero ahí ha estado el problema, ya que hacer la paz con las FARC es lo que podría llamarse una misión imposible. El costo de esa decisión ha sido su baja en los índices de popularidad, y como el proceso no avanza aceleradamente su imagen se ha venido deteriorando.

Aunado a lo anterior, el presidente Santos no ha podido sacar adelante la reforma de la educación, ni la de la justicia, ni la de la salud; los paros agrarios y de otros sectores económicos han dado la impresión de que en Colombia hay un gran descontento con el Gobierno. A Santos no le ha faltado astucia, le ha sobrado, porque en realidad en su afán de convertirse en un estadista histórico, ha tratado de darle a Dios y al Diablo, y eso es imposible cuando se gobierna, o por lo menos cuando se quiere gobernar bien. El costo de aplicar una política es producir un descontento en alguien; en alguien a quien no le conviene que se aplique esa política. Pero como Juan Manuel Santos tiene ese carácter camaleónico que lo tiene donde lo tiene, pues así ha gobernado: tratando de favorecer a todo el mundo, cuando eso en realidad es imposible e inadecuado para el líder de una Nación.

El éxito de Uribe consiste en todo lo contrario: es una persona de una sola pieza. El expresidente piensa que las FARC es un grupo de delincuentes y que por lo tanto hay que combatirlos con las armas de la Patria. Uribe se granjeó la enemistad de varios líderes internacionales (sobre todo del grupo pro-chavista) por el hecho de perseguir a las FARC más allá de las fronteras nacionales (recordemos el caso de Raúl Reyes), y por denunciar que posiblemente los líderes de esta guerrilla se encontraban guarecidos en Venezuela. Uribe tuvo varias peleas durante los ocho años que fue presidente, todo por aplicar unas políticas que favorecían a unos pero que lesionaban a otros. Uribe lo hizo por convicción, él tiene una forma distinta de hacer las cosas: parte de una premisa inamovible, y se mueve a partir de esta. Igualmente, esa forma de hacer las cosas también le creo enemigos, pero paradójicamente lo llevó a salir con un alto índice de popularidad al dejar el cargo de presidente de la República.

Pero, a pesar de todo lo dicho, creo que Santos ganará la elección presidencial de 2014, y lo digo basado no en predicciones astrológicas o mágicas, sino en una realidad muy simple: el presidente de Colombia, sea quien sea, tiene un poder enorme, y competir contra él en unas elecciones es imposible, porque la derrota para los oponentes está cantada. Santos tiene en su haber a los partidos de la mesa de la unidad nacional, tiene a los poderosos de Colombia apoyándolo, y a los poderosos del ámbito internacional haciéndole barra. Conclusión: él ganará nuevamente la presidencia en 2014, ¿por qué? Por su forma de hacer las cosas, por su astucia, que le ha proporcionado un bajo índice de popularidad en los últimos meses, pero que le dará nuevamente la oportunidad de vivir en la Casa de Nariño por otros cuatro años. Ya lo verán.

¿Es irreversible la globalización?


Muy pocas personas saben a ciencia cierta el concepto de globalización. Algunos confunden este término con el de internacionalización. Dado que hay un fenómeno de avance en las comunicaciones y de interdependencia comunicacional y cultural entre los Estados; se piensa que esto es globalización. No, la globalización no significa que yo pueda ver un video de Luis Miguel –el cantante- en mi computador personal, o que los libros de J.K Rowling se puedan leer en la China. Si bien es cierto hay un proceso de internacionalización –mayor interacción entre los Estados-, y de intercambio cultural –debido al avance de las comunicaciones-, esto no lo podemos catalogar como globalización.

¿Qué es entonces la globalización? ¿Es irreversible? Los primeros que hablaron de globalización fueron los Caballeros Templarios. Querían que Europa se convirtiera en un solo Estado, en una estructura política compleja. Con el Tratado de Maastricht se logró en parte este anhelo que llevó a la creación de la Unión Europea. Sin embargo, el proceso de globalización no es más que un concepto político con connotaciones económicas, sociales, y hasta culturales. La globalización es un fenómeno de concentración de poder, debido a la evolución de la especie humana. El sistema financiero internacional ha permitido que esa concentración de poder sea una realidad. Los Estados nacionales han decrecido en importancia, porque la soberanía popular ha cedido espacio a la sinarquía de los dueños del dinero. El sistema financiero no está supeditado a las fronteras nacionales, el capital es cosmopolita, es transnacional. Debido a lo anterior, los dueños de ese capital internacional pueden competir con los dueños del capital nacional en condiciones de desventaja, a favor de los primeros obviamente. Es el pez grande que se come al chico.

Este proceso de concentración de poder es el resultado del sistema de convivencia humano basado en el control y en la sumisión. Los dueños del dinero han aglutinado más poder en torno a ellos, y han podido dejar competidores relegados a una posición secundaria. La globalización se recrudece con el paso del tiempo. ¿Es un fenómeno irreversible que podrá deternerse? ¿La plutocracia internacional tendrá freno en algún momento?

A simple vista podemos decir que no. El consenso general es que este fenómeno no tiene vuelta de hoja. Los dueños del dinero utilizan su poder para acumular más poder y más dinero, los sistemas políticos –en apariencia democráticos- no pueden hacer nada frente al avance de la sinarquía financiera. Ellos acomodan las leyes nacionales a su conveniencia, y hacen que los Estados firmen tratados internacionales para derrumbar barreras que impidan avanzar en este sentido. Desde un punto de vista político, económico, y social, no se puede hacer nada, ellos tienen el sartén por el mango, y la globalización promete generar un nuevo orden internacional donde la sinarquía financiera gobierne entre bambalinas a su antojo. Sin embargo, la historia no ha llegado a su final, y la globalización tiene un enemigo muy poderoso: la libertad humana.

Los humanos como especie han generado este proceso, y como miembros de esta especie también la pueden reversar. El sistema de convivencia humano basado en el control y en la sumisión está haciendo agua; las crisis globales que han facilitado el avance del poder financiero internacional también, paradójicamente, han hecho temblar este mismo poder financiero internacional. El sistema de poder basado en el dinero, y en la especulación bursátil, han llegado a una sin salida: la realidad no puede ser bloqueada por la entelequia. La economía no puede depender de suposiciones, de creaciones artificiales, y de frágiles consensos, porque lo que está en juego es la supervivencia. El terrorismo, las pandemias, el hambre, la pobreza, el calentamiento del planeta, han llevado a la misma especie a reflexionar en un nuevo modelo de convivencia, uno que no se base en el control y en la sumisión sino en la cooperación. La globalización llegará a los extremos esperados, hasta que termine convertida en un amplio campo de acción individual con perspectivas colectivas. La especie humana ha sido desviada en su esencia, sin embargo, volverá a recuperar su naturaleza esencial cuando las cosas no salgan tan bien en ese proceso globalizador. Ya no serán los Estados los que se enfrenten unos contra otros, ni los partidos políticos, ni los sistemas económicos, serán los hombres los que terminarán decidiendo; y decidir implica ejercer la libertad. Desde esta perspectiva la globalización no es irreversible, sin embargo, los que tienen el sartén por el mango han hecho ver a los demás que sí. Han subestimado a sus congéneres, y ése ha sido su talón de Aquiles.         
  

      

Los abogados sofisticados

Escoger profesión en algunos casos es difícil. Para mí lo fue hasta cierto punto. Cuando acababa el bachillerato, y llegaba aquella época de presentarse a las universidades, también llegaba el dilema del futuro profesional. En mi caso escogí estudiar derecho. Ser abogado, ése sería mi destino. Sin embargo, siempre tuve claro algo en mi mente: quería aprender derecho, el ejercicio de la profesión vendría después.

Cuando ingresé a las aulas del Colegio Mayor del Rosario –donde cursé jurisprudencia- no tenía una visión muy clara sobre qué pasaría después de acabar la carrera. Un profesor –esta anécdota la he contado varias veces- me preguntó en primer año: “¿Cómo se visualiza usted en el futuro?”. Mi respuesta fue: “Quiero resolver problemas”. El profesor hizo una mueca que me resultó bastante desagradable porque era de burla, él exclamó: “¿Desde pequeño usted ha soñado con resolver problemas?”. Todos mis compañeros emitieron una carcajada, el profesor estaba ridiculizando mi respuesta. Después dije que quería ser asesor jurídico, o algo así, para atenuar las risas. El profesor me corrigió con su habitual arrogancia: “Es mejor decir que quiere ser consejero, asesor es una palabra pasada de moda”.

Hoy en día, y varios años después de graduarme de abogado, todavía me pregunto si escogí bien mi carrera. El ejercicio de la profesión de abogado es difícil, está llena de vericuetos, enredos, malas prácticas, y sobre todo mucho aburrimiento. Es el precio que pagan los abogados por obtener enormes cifras en honorarios, dicen algunos. Y es verdad, uno puede volverse millonario siendo abogado. De hecho, conozco muchos colegas que nadan en dinero ejerciendo la profesión. Sin embargo, la vida me ha enseñado que el dinero no es todo en la vida. Muchos sonreirán cuando lean esto, estoy seguro. Pero es la verdad, el dinero no puede ser la principal motivación para ejercer una carrera o un oficio. Quienes se dedican a una ocupación por dinero terminan destruyendo sus vidas, porque encierran sus sueños en clósets, y esos sueños –como cadáveres putrefactos- empiezan a emitir mal olor y a carcomer las conciencias.

Me gusta el derecho; lo entiendo, lo admiro, y lo critico. Como profesor he sentido alegría al observar los emocionados rostros de los alumnos, al verme exponer algún tema jurídico –aunque también he visto desdén y aburrimiento, a decir verdad-. Sin embargo, el derecho me ha servido mucho. Me ha dado una visión de la realidad en la que nos movemos, una descripción de la entelequia que hemos creado los seres humanos para vivir. El derecho es una hermosa creación humana, es una de las mayores expresiones de la civilización. Sin embargo, en la práctica tiene enormes defectos, que de cierta forma nos desaniman a todos los que lo idealizamos.

Como en toda actividad; hay abogados buenos, regulares, y malos. No creo en aquel paradigma urbano y vulgar que afirma: “No hay abogado honesto”. Eso es mentira, conozco muy buenos profesionales del derecho que de forma íntegra han acumulado enormes recursos económicos sin recurrir a la inmoralidad o a la ilegalidad.

No me equivoqué, debía estudiar derecho. Era preciso conocer este mundo para incursionar en otras aventuras intelectuales –como las de escritor, comunicador, o profesor-. Siento gratitud con la vida por haber conocido a mis profesores, a mis compañeros de universidad, a mis colegas con los que trabajé, a mis jefes, y en general, a todas aquellas personas que están involucradas con el derecho.

El viernes pasado, y ése es el motivo de este escrito, escuché en la radio la entrevista que le hicieron a un abogado de una prestigiosa firma de Colombia. Al jurista le preguntaban por un extraño caso relacionado con la constitución de una multitud de sociedades, con el fin de adquirir un predio rural en el sur del país. El caso es complejo, y no quiero entrar en detalles sobre el particular. Pero, lo que me llamó la atención fue una de las respuestas del abogado. Los periodistas –de forma justa o injusta, no lo sé- en un momento dado lo acusaron de leguleyo. ¿Qué quiere decir este término? En el ámbito legal, un leguleyo es una persona que se ajusta demasiado a la norma, perdiendo por un momento la noción del fin de la misma. Todas las normas tienen un fin, pero, muchas veces los que deben aplicar esas normas distorsionan sus objetivos, o incurren en injusticias al apegarse demasiado a éstas. Es difícil explicar esto, lo sé, sobre todo a un público no ilustrado en la materia.

La respuesta del jurista al ataque de los periodistas fue de este calibre –palabras más, palabras menos-: “Para ustedes es una leguleyada, pero es lo que hacemos los abogados sofisticados al interpretar una norma”. No soy un juez o un funcionario de un órgano de investigación, para decidir quién tiene la razón en este caso. Sólo quiero decir que me llamó la atención este término: “Abogados sofisticados”. Después de escuchar la entrevista radial del jurista me pregunté: ¿Qué es eso? ¿Qué es un abogado sofisticado? A mí nunca me enseñaron eso en la carrera, y jamás lo he escuchado en el ejercicio de la profesión. De pronto, sí se utiliza pero yo jamás había oído esas palabras juntas. “Abogado” y “sofisticado” no son expresiones que usualmente uno escuche mencionar de forma conjunta.  

Me imagino que el abogado de esta prestigiosa firma quería decir que la operación sobre la que era cuestionado, era una operación compleja, y que por lo tanto a simple vista podría ser la expresión de una leguleyada, aunque en realidad era una maniobra legítima pero difícil de explicar a un público profano. Eso fue lo primero que pensé. Después acudí a mi memoria “vivencial”, llamémosla así. Esto quiere decir, que acudí a mi experiencia con este tipo de personas. Los abogados de estas prestigiosas firmas -en general- son egresados de universidades privadas, han hecho uno o varios postgrados en Colombia, y también han cursado especializaciones en el extranjero. En la mayoría de los casos hablan más de un idioma. Esas firmas cobran por hora de trabajo, y generalmente lo hacen en dólares. Hay de todo en esas firmas; como siempre, hay buenos, regulares, y malos abogados. El hecho de que un abogado haya estudiado en una universidad privada, haya cursado un postgrado en Estados Unidos, y hable inglés aceptablemente, no lo convierte en un genio o en superdotado. Lastimosamente esas firmas tienen unos criterios bastante superficiales para escoger a sus empleados, pero así funciona no sólo el mercado laboral de los abogados, sino en general, el mercado laboral, lamento decirlo.

Conozco varios amigos abogados que trabajan en esas prestigiosas firmas, y son excelentes profesionales. Pero, también hay varios mediocres, tengo que confesarlo. Cuando el jurista –objeto de la entrevista radial mencionada- hablaba de los abogados sofisticados, para presentarse como algo diferente a los simples leguleyos, acude a su orgulloso título de miembro de tal o cual bufete. Como si eso lo exonerara de responsabilidad.

No hay abogados sofisticados, todos los abogados somos simples defensores de la justicia –o eso creo yo-; todos los abogados tenemos una misión: defender la verdad para que haya paz y armonía en la sociedad. Algunos lo hacen desde la magistratura, otros desde la cátedra, otros desde el litigio, otros desde la oficina jurídica de una empresa o de una entidad pública. Todos los abogados tenemos un deber con la sociedad: lograr la Justicia. No hay operaciones simples y complejas para el mundo jurídico, porque todas las operaciones jurídicas son aplicaciones de la Ley.

Interponer una acción de tutela para proteger un derecho fundamental es tan simple y tan complejo como constituir veinte sociedades y registrarlas en un país europeo. Para el abogado, todos los problemas de los clientes son complejos porque esos ciudadanos están reclamando un derecho, que para ellos es vital. Es tan importante proteger el derecho a la salud de una anciana de noventa años, como defender los intereses económicos de un conglomerado industrial. Para el abogado de verdad, ambos casos son igual de importantes.


Y vuelvo a la anécdota que me sucedió en la universidad. Ese profesor que se burló de mi respuesta tenía o tiene fama de fanfarrón, de soberbio, de arrogante. Años después, cuando yo ya era profesor, me sucedió una anécdota referida a este individuo. Un día, cuando acabé de dictar una clase, y tenía que firmar en la planilla de control de asistencia, me encontré a la secretaria de la Facultad llorando a mares. Le pregunté lo que había sucedido, y me dijo que el citado profesor la había humillado y ofendido. Yo le aconsejé que no le pusiera atención, que todos sabíamos que ese tipo era un patán. Porque paradójicamente, ese profesor también se las da de ser un “abogado sofisticado”. 

El incierto futuro político de Colombia


El pasado viernes 17 de mayo de 2013, el presidente de la República Juan Manuel Santos anunció a la Nación que quería la reelección de sus políticas. Para ello, designó como presidente de la Junta Directiva de la Fundación Buen Gobierno al ex ministro Germán Vargas Lleras, y como director ejecutivo de la misma al ex secretario general de la presidencia Juan Mesa.

El presidente Santos no habló de reelección para el cargo que ostenta desde 2010. No, dijo que buscaba la continuación de sus políticas de gobierno más allá del 2014. Para algunos, es una jugada estratégica. Santos estaría buscando la reelección como presidente de la República, pero, no se lanzaría al agua de forma tan anticipada. Primero que todo, pondría a funcionar la campaña reeleccionista, pero sin mencionar su deseo directo de ser él el candidato. Algunos analistas opinan que Santos esperaría el resultado de las conversaciones de paz en La Habana, y el mejoramiento de otros indicadores, sobre todo en el campo económico.

Si las cosas salen bien en La Habana, Santos anunciaría el propósito de reelegirse como presidente de la República. Si las cosas salen mal, es muy probable que él declinaría esta aspiración, suponen esos mismos analistas. Empero, la campaña reeleccionista ya estaría en funcionamiento, y el denominado plan B estaría encabezado por Vargas Lleras.

Juan Manuel Santos tiene una opción muy grande de reelegirse en 2014 a pesar de todo, incluso, si el proceso de paz saliera mal. El poder que tiene un presidente en Colombia es enorme, gigantesco. Los políticos profesionales siempre acompañan a quien tiene la sartén por el mango, y en este caso, la tiene Santos. De la misma forma, él estaría acompañado por Vargas Lleras, pase lo que pase; y la realidad es que el nieto de Carlos Lleras Restrepo es un peso pesado de la política colombiana. Un factor de éxito adicional en una posible campaña reeleccionista.

Sin embargo, la cosa tampoco está tan clara para Santos. El ex presidente de la República Álvaro Uribe Vélez se ha propuesto aguarle la fiesta al mandatario. El ex presidente se ha convertido en el mayor opositor del Gobierno, y ha puesto en marcha un movimiento político denominado como Puro Centro Democrático, donde él es la estrella rutilante.  
  
Uribe Vélez tiene una popularidad muy alta, sobre todo en los círculos rurales y agrarios. Eso sin contar que en su tierra natal –Antioquia-, es casi un dios. El ex presidente podría ser una piedra en el zapato para las aspiraciones de Santos.

Álvaro Uribe Vélez tiene también una limitación muy grande: él no puede competir con el actual presidente de la República en elecciones para la primera magistratura de la Nación. La Constitución se lo prohíbe. Es por esto que está buscando una figura dentro de su movimiento que sí lo pueda hacer. Óscar Iván Zuluaga, Francisco Santos, José Félix Lafaurie, Carlos Holmes Trujillo, son algunos de los nombres que baraja el uribismo para pelear electoralmente en el 2014. Sin embargo, el problema es complejo porque quien ostenta el carisma, el encanto, el amor popular, es Uribe. ¿Podría el ex presidente endosar esa popularidad a alguno de esos personajes? Está por verse.

Santos y Uribe pertenecen a un sector del espectro político: la derecha. Están en el mismo lado del espectro. Obviamente, Uribe está más sintonizado con la derecha extrema, y Santos sería más de centro-derecha, pero, en últimas, ambos tienen las mismas ideas en lo substancial; aunque discrepan en asuntos como el proceso de paz con la FARC, y el manejo de las relaciones internacionales, especialmente con Venezuela.

Si la derecha llega atomizada a las elecciones de 2014, ¿podría la izquierda hacer fiesta con el agarrón de Santos y Uribe? Yo creería que una tercera fuerza los podría poner en vilo. Ya pasó en Bogotá con la elección de Gustavo Petro como alcalde. Cuando Peñalosa, Gina Parody, Carlos Fernando Galán, y David Luna, decidieron competir por separado, ahí eligieron indirectamente a Petro. ¿Eso podría pasar a nivel nacional? También está por verse.

Si Santos decide no presentarse a la reelección, ¿Vargas Lleras tendría la fuerza necesaria para derrotar al uribismo? Quién sabe, el ex presidente del Senado contaría con el apoyo de las toldas de Juan Manuel Santos, pero no sería lo mismo. Él no es el presidente de la República en ejercicio. Fuera de eso, sería el heredero de los defectos del gobierno de Santos. Las cosas tampoco están claras por este lado.

Colombia vive hoy en día una incertidumbre política. Hay unas conversaciones de paz con las FARC en La Habana, no se sabe cómo termine esto. Los indicadores económicos actualmente son buenos, pero, los nubarrones de un desastre en Europa y en Estados Unidos le podrían dañar el caminado a la sólida economía colombiana, y el paganini de esto sería el Gobierno Nacional. Lo único que sabemos es que Santos ya nombró a su equipo político para 2014, con Vargas Lleras, el general (r) Óscar Naranjo, la ex canciller María Emma Mejía, Juan Mesa,  Gabriel Silva, y Juan José Echavarría. Falta ver si él personalmente asumirá la campaña de reelección, o dejará a un delfín para que se mida con las toldas uribistas y con los movimientos de izquierda en 2014.     
  

Ronald Dworkin (1931 - 2013)


Recordemos un artículo que escribí sobre este jurista, como un merecido homenaje a su memoria: "Ronald Dworkin: ¿iusnaturalista?"

Fuente de la foto: Wikipedia.